Antes de ser CÍCLICA, soy yo
Soy Cami. Y antes de que existiera CÍCLICA, ya había algo que estaba bastante presente en mí: la necesidad de crear.
Siempre fui de mirar las cosas con curiosidad. De encontrarle otra vuelta a lo que parece terminado, de guardar cosas “porque algún día pueden servir” y de imaginar posibilidades donde quizás otros ven solamente descarte.
Me cuesta aceptar que algo sea descartado simplemente porque dejó de cumplir la función para la que fue creado. Y mucho más cuando sé todo lo que hubo detrás para producirlo: materiales, agua, energía, trabajo, tiempo.
Ahí empezó a aparecer CÍCLICA.
Al principio no sabía exactamente qué iba a ser. Sabía que quería hacer cosas con mis manos y, sobre todo, que quería hacerlo aprovechando materiales que ya existían.
Empecé con jeans que habían quedado olvidados. Los corté, los desarmé, los mezclé, probé. Y descubrí algo que todavía me fascina: un material que alguien consideró terminado podía convertirse en algo completamente nuevo sin dejar de ser lo que era.
De hecho, muchas veces creo que ahí está la esencia de CÍCLICA.
No se trata de borrar la historia de un material, sino de continuarla.
CÍCLICA creció conmigo. Y mientras más aprendía sobre el impacto de la industria textil y sobre la cantidad de cosas que descartamos constantemente, más sentido tenía seguir por este camino.
No pretendo tener todas las respuestas ni creo que una marca pueda solucionar por sí sola un problema enorme.
Pero sí creo en algo mucho más simple:
Podemos empezar a mirar diferente. Mirar un retazo y ver una posibilidad. Mirar algo que ya existe y preguntarnos si realmente necesitamos producir algo nuevo.
Eso es CÍCLICA para mí.
Una marca, sí. Pero también una manera de mirar, de crear y de relacionarme con las cosas.
Y, sobre todo, una forma de recordarme —y recordarles a quienes eligen CÍCLICA— que que algo haya terminado una etapa no significa que haya terminado su historia.








